Mi madre y mi padre se casan


Y, afortunadamente, se casan entre ellos.

Seguro que alguna se lo esperaba, alguno se lo temía y la mayoría ni lo uno ni lo otro. Y he de admitir que es responsabilidad mía que no haya ocurrido hasta ahora; lo intentaron conmigo en la tripa de mamá y estando pegada al pecho de la misma, pero decidieron esperar a que pudiera caminar y así no arrugar su vestido o la corbata de papá. Con semejante indumentaria ya podéis imaginaros que pretenden celebrarlo cual merezco, con risas, jolgorio y alegría, rodeados de mis hermanos, sus amigos y nuestra familia.

Así que el primer fin de semana del próximo mes de agosto tenéis que marcarlo a fuego en vuestro calendario y guardar el pijama, una sonrisa y un fuerte abrazo para venir a acompañarnos, o bien buscar un lejano destino donde refugiarse de tan maquiavélico plan.

Os seguiré informando…